La FIFA se echa las manos a la cabeza: el fútbol cuida a sus jóvenes cerebros

Nada, es un golpe en la cabeza. En un minuto se le ha pasado”. “Venga, vuelve al campo, no seas… ¡Qué el fútbol es un deporte para hombres”. “Está un poco mareado, pero es normal. Se le quita corriendo”… ¿Cuántas veces, fin de semana tras fin de semana, se escuchan esas frases en campos de tierra, en equipos que, como mucho, tienen un entrenador al que le han dado un curso acelerado de primeros auxilios? Entrenadores que son responsables de niños, de jóvenes o de veteranos para los que el fútbol debe ser formación y diversión.

FOTOS DE RAFA CASAL

Esta semana, en Sochi (Rusia), la FIFA ha decidido dar el poder absoluto a los médicos durante la Copa del Mundo en caso de lesiones importantes, sobre todo en aquellas en las que aparece un traumatismo craneoencefálico. El doctor del equipo, ayudado por un miembro de su equipo médico desde la grada ante un monitor, podrá dirigirse al árbitro tocándose tres veces la cabeza. Será la señal para que el partido se detenga durante 180 segundos en los que el galeno deberá valorar el estado del futbolista que ha sufrido el impacto. Pasado ese tiempo, el árbitro le preguntará si el jugador puede seguir o no en el campo. Si la respuesta es negativa, la sustitución será obligatoria por mucho que el entrenador de turno monte en cólera o el jugador en cuestión manifieste a gritos que está bien para jugar.

En las reuniones que ha dirigido el jefe de los servicios médicos de la FIFA, el belga Michel D’Hooghe, se ha insistido en el mensaje pedagógico que entraña esa decisión. El fútbol profesional, como se puede comprobar estudiando las reacciones de los niños en sus partidos, posee una influencia determinante al ser el deporte más popular del planeta.

TRABAJO PARA CONCIENCIAR

La FIFA entiende que la precaución en este caso de lesiones debe ser máxima y que se debe concienciar a todo el mundo del peligro que provocan. Si ya es grande en equipos que cuentan con equipos médicos y material de primer nivel, cuando ese escenario se traslada a un equipo de barrio en el que se va a los partidos con un botiquín y poco más el riesgo se multiplica por mil.

El mensaje que se quiere trasladar es claro y la FIFA espera ser capaz con esta medida de llegar a cualquier rincón del mundo. En el caso de que cualquiera actor en un campo (árbitro, entrenador, compañero…) detecte alguno de los síntomas que convierten el golpe en la cabeza en situación de riesgo (dolor intenso de cabeza y/o cuello, desorientación, dificultad en el habla, vómitos, visión doble, mirada perdida, irritabilidad o agresividad fuera de lo normal…) el cambio debe ser inmediato.

El primer golpe ya es de por sí grave, pero el daño que sufre el cerebro no es pasajero. Desde ese momento, el peligro se dispara en caso de recibir otro impacto, que puede ser ese típico mal golpeo de la cabeza con la parte central del cráneo que tanto dolor produce o un toque mucho menor que el primero. La sensibilidad extrema a la que está sometido el cerebro a partir del momento del primer golpe es tal que lo que se llama Síndrome del segundo impacto puede provocar consecuencias fatales para el futbolista. Estamos hablando incluso de la muerte.

Cuando un jugador profesional sufre este tipo de lesiones lo normal es que sea trasladado a un hospital para que se le realicen pruebas. También aunque haya acabado el partido. En el caso del fútbol base y amateur lo habitual es que el jugador se vaya a su casa con la idea de que se trata sólo de un dolor de cabeza que se pasará con el tiempo. Sin embargo, lo que en realidad sucede es que el afectado entra en un estado de riesgo que aumenta por el desconocimiento de lo que ocurre en el interior de esa cabeza.

Hace muchos años, cuando casi nadie en el deporte del balón se preocupaba por temas médicos, el fútbol español se vistió de luto por la muerte de José Antonio Gallardo, portero del Málaga. El 21 de diciembre de 1987 salió de Balaídos en camilla tras chocar su cabeza con la rodilla del céltico Baltazar. Horas después parecía que sólo era un susto más. El 7 de enero entraba en el hospital Carlos Haya en estado de coma con una fuerte hemorragia cerebral producida por la rotura de una arteria en el lóbulo temporal izquierdo, precisamente la misma zona donde recibió el golpe en el partido contra el Celta. Tras una semana en coma, moría.

Es un ejemplo entre un buen puñado de casos en el fútbol de élite. ¿Cuántos habrán pasado sin que hayan trascendido en exceso en esos campos en los que entrenadores, padres y compañeros recurren a ese manido venga, que no es nada, a jugar?

Los golpeos de cabeza, a debate

Imaginar hoy un partido de fútbol sin que se pueda golpear la pelota con la cabeza parece una utopía. Sin embargo, hay foros en lo que se empieza a plantear la necesidad de analizar qué pasa en el cerebro cuando día tras días la cabeza se utiliza para despejar el balón o rematar a la portería.

Que se prohiba el uso de la cabeza parece imposible, pero no tanto que se descarten de la sesiones de entrenamiento cierto tipo de ejercicios: los de los mediocentros recibiendo pelotazos desde el campo contrario con la cabeza, los de los centros laterales en busca de rematador o los del defensa que se juega la testa para sacar la pelota… En Estados Unidos, un estudio del Journal of American Medical Association reveló que el 99% de los jugadores de la NFL sufren daños cerebrales. Los más graves son los de Encelopatía Traumática Crónica, algo que en Europa se conoce como la Demencia del Púgil por ser el boxeo el deporte en el que más afectados se detectaban.

En el mundo del fútbol hay futbolistas que comienzan a elevar la voz. En Gijón se acordarán de Joakim Nilsson, un centrocampìsta de calidad que pasó por el Sporting y que evitaba todo lo posible golpear la pelota con la cabeza. Algo intuía. Pero el mensaje que más ha calado ha sido el de uno de los mejores rematadores de cabeza de los últimos años, el inglés Alan Shearer. “Por cada gol que anoté de cabeza marqué mil en los entrenamientos, eso me pone en riesgo si es que hay un vínculo entre ambos factores. Es un deporte duro y brillante, pero hay que estar seguros de que no sea un juego mortal”, explica el exinternacional inglés, el de los 46 cabezazos a la red en la Premier, el mismo que no esconde a sus 47 años que tiene preocupantes lagunas en su memoria, algo que narra en un impresionante documental de la BBC titulado Dementia, football and me.

El debate es peliagudo en un mundo tan clásico como es el del fútbol. Sin embargo, la FIFA está dispuesta a entrar en una nueva era. Esta semana en Sochi lanzó un mensaje claro al mundo: la salud de los futbolistas está por encima de todo. El papel de los médicos no será decorativo. Su decisión será la ley. Ahora toca concienciar a todo el mundo sobre una cosa: lo que está en juego no es un partido. No hay mayor triunfo que no arriesgar la vida de nadie en cualquier campo. Fútbol con cabeza.

Fuente: www.marca.com
Autor: Miguel Ángel Lara
Fecha de publicación: 11 de marzo de 2018
URL de la noticia: http://www.marca.com/primera-plana/2018/03/11/5aa2cc20ca47412d348b4625.html

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